Cifras publicadas por la Motion Picture Association of America de 2015, señalan que los estudios de Holywood tuvieron ingresos en taquilla por ventas de hasta 73% más, contra el 66% de ganancias de 2010, fruto de las entradas fuera de los Estados Unidos. El panorama es claro, Hollywood está conquistando a otros países con su cine y son ahora su principal herramienta de financiamiento. ¿Por qué partimos de este dato? Porque cada vez más la industria americana se abre a la contratación o búsqueda de directores de otras latitudes con dos propósito: Primero, que refresquen un cine de secuelas y superhéroes, y segundo, atraer públicos de otros países. Un ejemplo de esto es la creciente ola de directores y fotógrafos mexicanos que han cautivado no sólo a las taquillas, sino a la Academia. Ahí tenemos el caso de Alejandro González Iñárritu que se coronó en 2015 con su segunda estatuilla como Mejor Director (Birdman y The Revenant).

Pero casos como este hay muchos en Estados Unidos, ¿qué los hace tan diferentes o deseables? Ese es el punto. Será su estilo atrevido o quizás la originalidad de su propuesta visual.  Uno que cubre estos requisitos es Alfonso Cuarón, quien debutó con la cinta Sólo con tu pareja (1991). Una innovadora historia que se atrevía a abordar el tema de SIDA y el suicidio en una comedia. Cuatro años más tarde, tuvo su primera oportunidad en Hollywood con la cinta La Princesita, eso sí, acompañado de otro mexicano, Emmanuel Lubezki, respetado por el uso y manejo de la luz natural. Otro caso es Guillermo del Toro, egresado del Instituto de Ciencias, en Guadalajara, y quien ha tenido una fructífera carrera desde su debut en 1985, con su ópera prima Doña Herlinda y su hijo, película muy alejada de sus temáticas fantásticas actuales como Cronos, de1993 y que le abrió la puerta a Hollywood para realizar en 1997, Mimic.

Y las preguntas continúan, ¿son los directores mexicanos mejores que los americanos? No lo creemos, lo que quizás sí tienen ellos y los cineastas de otras nacionalidades, es su visión sobre el mundo, más amplia que aquellos que han cursado en colegios como la Universidad de California, en Los Angeles, donde estudiaron George Lucas y Steven Spilberg, entre otros. Por ejemplo, Alfonso Cuarón dejó de asistir al CUEC en el último año, pero no porque no le gustará, sino porque el director de Gravity, reconoció que era necesario tener bases para la dirección cinematográfica y una vez que las obtuvo continúo con su formación, claro, después de un éxito trepidante como lo fue Sólo con tu pareja.

Para entender la influencia que tiene los países extranjeros en la taquilla de estadounidense sólo hay que asomarse a la lista de ganadores del premio Oscar en los últimos años. Steve Mcqueen por 12 años esclavo, y de origen inglés; Tom Hopper, también ingles y ganador como Mejor director por El Discurso del rey, o Michael Hazanavicus, de origen francés, por la El Artista. En un artículo publicado por el venerado Hollywood Reporter se cita a Nathan Ross, un agente de directores extranjeros que menciona: “en los sesenta se vivió en Hollywood la Nueva ola francesa, en los sesenta una Nueva generación de directores norteamericanos, y ahora en los últimos diez años es hora de los nuevos directores extranjeros”, o mexicanos, ¿por qué no? Veamos a futuros pupilos de Iñárritu, Cuarón y del Toro como Michael Franco o Amat Escalante; y en actuación a Gael García Bernal, quien ya tiene un Globo de oro, y a su compañero Diego Luna, quien este año fue uno de los principales de la saga de Star Wars. Sí, la globalización ha llegado.

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